Una hora después de un sin fin de temas de conversación paró de llover. Y ya sabiendo que se volverían a ver, Ronnie se despidió de Dana y prosiguió su camino.
En la calle, muchos paraguas se negaban a cerrarse por temor a represalias. Ronnie sabía que no llovería más, se notaba en el aire. De camino a casa paró en un Super, para comprar algo de cenar. Seguramente algunas cosas para hacer una ensalada, queso para un sandwich y una botella de Vodka -odiaba pasar las noches sobrio-.
Ya en casa, se hizo el sandwich, preparó la ensalada y se sirvió un buen vaso de aquella bebida. Se había sentado a ver una película mientras cenaba, El Imaginario del doctor Parnassus, una película bastante extrabagante, pero que a él le gustaba.
Hay cosas que suceden por casualidad, caprichos del destino, quizá pequeñas acciones que desencadenan en cosas mucho más sorprendentes. Nadie podría haberle dicho a Ronnie que esa noche al mirar por la ventana un instante vería una luz en el cielo y recordaría... ni siquiera él mismo podría explicarnos la razón por la cual aquella noche salió corriendo , sabiendo con total certeza a donde iba. Hay cosas que suceden sin razón aparente, esta, es una de ellas.
Mientras lo veía alejarse recordó que debía acabar la maqueta para el lunes, así que decidió pagar la cuenta e irse a casa, no le entusiasmaba la idea, pero el proyecto debía estar acabado para que el comprador se quedara conforme.
Los enormes bloques de progreso y arquitectura se alzaban ostentosos a ambos lados de la calle, y esquivando las pequeñas lagunas que se habían acumulado en la acera iba caminando hacia su casa.
En un portal Dana se encontró con una amiga, María, la había conocido en la Universidad y desde entonces no la había vuelto a ver y se quedaron hablando allí un buen rato.
Tiempo después se despidieron y Dana se puso de camino a casa, pero como las casualidades son cosas inesperadas, nadie podría explicarnos porque Dana se paró con la mirada perdida al ver aquella luz en el cielo, sin poder moverse, recordando...
Segundos más tarde, aquellos dos hombres aparecieron al final de la calle, en la sombra, sin moverse, con aquellos horribles ojos clavados en Dana.
kdmnfjdnfnskdnjds me dejas intrigada.
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