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domingo, 20 de marzo de 2011

Amanecer en el horizonte: segunda parte

   Dana dio media vuelta y empezó a correr, sin parar ni mirar atrás, tenía que alejarse de aquellos hombres. Esquivando gente, farolas, columnas, coches... Al girar en un callejón se encontró con una estampa aterradora , los dos hombres, con traje negro y sombrero negro, con una capa blanca y un extraño símbolo rojo en ella. Unos ojos como la lava se clavaron en los de ella, y ya no podía moverse...
   En ese instante, el hombre de los ojos rojos se movió, rápido y elegante como el viento, hacia donde estaba Dana. En ese instante alguien empezó a tirar de ella.
   Entonces rompió el contacto visual con aquellos ojos y recuperó la consciencia, o al menos en parte, y se vio corriendo; alguien la sujetaba del brazo corriendo, sin mirar atrás. Ella aún conmocionada, veía aquella escena como algo irreal: alguien tiraba de ella a toda velocidad, danzando entre el gentío que abarrotaba las calles, nadie los miraba, nadie se fijaba en ellos. Poco a poco fue recuperándose del shock, ya habían dejado atrás la ciudad, estaban en una casa, o un piso, no podría asegurarlo, su salvador se había ido y la había dejado allí. El sitio era acogedor, ordenado y simple, muy cómodo. Estaba sentada en un gran sofá, en la televisión se veía una película, en la mesita de delante había lo que parecía ser la cena de alguien. Y allí se quedó, esperando.
   Ronnie corría, iba por la ciudad buscándolo. No sabía donde estaba, ¿o si? en ese caso no tenía tiempo que perder, debía llegar hasta él antes de que lo hicieran ellos. Se movía por las calles a una velocidad sobrehumana, como si bailase, invisible, rápido, seguro.
   En ese instante se dio cuenta de dónde podía estar, llegó a la casa y al entrar, vio como una espada atravesaba el cuerpo de Javier. Uno de los hombres sacó una pequeña cajita  de madera llena de extrañas inscripciones y al abrirla una luz muy brillante, como si repentinamente hubiera salido el sol en plena noche. La luz fue absorbida por la caja al instante, y luego oscuridad.
   Antes de que le vieran, Ronnie salio de allí, muy triste, pero de nada serbia llorar la muerte de su amigo y compañero, ahora tenía cosas más importantes que hacer.
   Los recuerdos aún estaban borrosos, pero parecía que la siguiente era una niña. Esta vez no podía fallar, no iba a poder soportar otra perdida. Dio una rápida mirada al cielo nocturno para asegurarse de que iba en la dirección correcta y se puso en camino. Ellos eran más rápidos, pero él era mas ágil y ademas había salido antes.
   Al llegar al edificio, una señora estaba saliendo, y con un saludo muy amable pudo entrar sin mayor dificultad, miró el piso en los buzones y se metió en el ascenso. Había hecho todo aquello con mucha prisa, si hubiese tenido tiempo, se habría fijado en el sello de protección roto que había en la entrada.
Al llegar al cuarto piso se abrieron las puertas con un fuerte chirrido y entonces vio la puerta del piso destrozada, con grandes arañazos en la pintura de las paredes y el marco de la puerta.


- ¡Nooo! Pensó él. ¡No pueden haber llegado antes!


Y de un ágil movimiento entró en la habitación.
   Todo sucedió  muy deprisa. Al entrar vio a uno de los hombres  y sin pensarlo dos veces murmuró unas palabras, dibujó un símbolo con el dedo en el aire y un fuerte viento empujó a aquel hombre contra una pared. Entonces vio al otro individuo, justo a tiempo para invocar una débil protección, aprovechando la confusión cogió a la niña, que estaba paralizada -quizá porque alguien había estado jugando con su mente, quizá por el miedo- y se la llevó, no sin antes dibujar con un pincel y  tinta blanca un extraño símboloen el marco de la puerta. 
Mientras se alejaban vio como destellos de una luz muy roja salían del hueco de la puerta, solo podía esperar a que no descifrasen el código del sello, o al menos no hasta que estuvieran a cierta distancia.
   

domingo, 27 de febrero de 2011

Amanecer en el horizonte: primera parte

   Una hora después de un sin fin de temas de conversación paró de llover. Y ya sabiendo que se volverían a ver, Ronnie se despidió de Dana y prosiguió su camino. 

   En la calle, muchos paraguas se negaban a cerrarse por temor a represalias. Ronnie sabía que no llovería más, se notaba en el aire. De camino a casa paró en un Super, para comprar algo de cenar. Seguramente algunas cosas para hacer una ensalada, queso para un sandwich y una botella de Vodka -odiaba pasar las noches sobrio-. 
   Ya en casa, se hizo el sandwich, preparó la ensalada y se sirvió un buen vaso de aquella bebida. Se había sentado a ver una película mientras cenaba, El Imaginario del doctor Parnassus, una película bastante extrabagante, pero que a él le gustaba. 
   Hay cosas que suceden por casualidad, caprichos del destino, quizá pequeñas acciones que desencadenan en cosas mucho más sorprendentes. Nadie podría haberle dicho a Ronnie que esa noche al mirar por la ventana un instante vería una luz en el cielo y recordaría... ni siquiera él mismo podría explicarnos la razón por la cual aquella noche salió  corriendo , sabiendo con total certeza a donde iba. Hay cosas que suceden sin razón aparente, esta, es una de ellas.

   Mientras lo veía alejarse recordó que debía acabar la maqueta para el lunes, así que decidió pagar la cuenta e irse a casa, no le entusiasmaba la idea, pero el proyecto debía estar acabado para que el comprador  se quedara conforme.
   Los enormes bloques de progreso y arquitectura se alzaban ostentosos a ambos lados de la calle, y esquivando las pequeñas lagunas que se habían acumulado en la acera iba caminando hacia su casa.
    En un portal Dana se encontró con una amiga, María, la había conocido en la Universidad y desde entonces no la había vuelto a ver y se quedaron hablando allí un buen rato.
    Tiempo después se despidieron y Dana se puso de camino a casa, pero como las casualidades son cosas inesperadas, nadie podría explicarnos porque Dana se paró con la mirada perdida al ver aquella luz en el cielo, sin poder moverse, recordando...
   Segundos más tarde, aquellos dos hombres aparecieron al final de la calle, en la sombra, sin moverse, con aquellos horribles ojos clavados en Dana.

domingo, 30 de enero de 2011

Redes: segunda parte

- La verdad es que en días así prefiero escuchar la lluvia, aunque bueno, se puede decir que es un buen día para la música.
- ¿Guitarra?
- Así es, ¿qué me ha delatado?
- Quizá, la funda que está ahí detrás. Me pareció que era de guitarra, además es lo más común.
- ¡Ah! ya me había olvidado que estaba ahí. Buen ojo. Por cierto, puedes llamarme Ronnie.
- ¡Oh! que nombre tan bonito, me encanta ¿de donde eres?
- Pues toda mi familia es inglesa, de un pueblo bastante grande a unos a unos kilómetros de la capital. El pueblo ideal para criar una familia. Viví allí hasta los 15 años con mi madre y mi hermana. A los 15 me fui a Londres, a vivir con mi tío y así poder estudiar con más comodidad.
- Vaya, que interesante, ¿y que fuiste a estudiar a la gran ciudad?
- Tienes ante ti a un artista, fui a allí a comenzar mis estudios de arte. Además, quería una academia en la cual estudiar otros idiomas sin que tuviese que empeñar mi alma para pagarla.Terminé mi carrera a los 25, especializado como diseñador de moda, además estudié fotografía. Al acabar, me vine a España, donde tenía una oferta de trabajo como diseñador para una firma de ropa. Fue también aquí donde descubrí la maravilla de la música.


   Seguía lloviendo, Ronnie seguía viendo la lluvia caer, pero ella tenía su mirada clavada en aquel chico, hipnotizada con aquellas palabras que narraban su vida. Al principio lo había interpretado como un gesto de felicidad, pero ahora de daba cuenta de que lo que tenía aquel chico no era eso... tenía fuerza, esperanza, energía.  Tenía un objetivo, un sueño. Él no estaba en el mundo, al igual que todos, el estaba buscando algo, persiguiéndolo, tenía la mirada de alguien  que no se detendrá hasta conseguir sus objetivos.


   Seguía en sus pensamientos cuando se dio cuenta que él aún estaba hablando...


-... entonces, sin saber muy bien porque, toque esa canción allí mismo, sin importarme quienes estuvieran. Lo mas gracioso fue que algunas personas me tiraban monedas, pero fue algo...
- -mierda- pensó ella, -no le he dicho aún mi nombre, a ver como se lo digo sin que quede muy brusco...-
- ¿Hola, sigues ahí?


   Ronnie la estaba mirando, y ella, perdida en sus cosas no había escuchado la pregunta.


- Ah, perdona, ¿como decías?
- Que me encantaría saber tu nombre, dijo el con una sonrisa.
- ¡Claro! Me llamo Dana
- Oh, igual que la protagonista de "La sombra de un mundo".
- ¡Adoro esa trilogía! ¿has leído los tres?
- Pues solo los dos primeros, aún estoy esperando a que una amiga me preste el último.
- -una amiga- pensaba Dana, -claro, un chico así debe ser todo un rompe corazones-
- Para una amiga que tengo aquí y me sale la chica con menos tiempo del mundo, creo que no la veo desde hace casi un mes, debería llamarla...
- Si quieres... puedo dejarte yo el libro.
- ¿De verdad?
- Pues claro, pero con una sola condición, aparte de que como le hagas algo te sacaré los ojos, que me dejes invitarte a comer.

martes, 18 de enero de 2011

Redes: primera parte

   Era una noche lluviosa, no muy fría. El agua corría por las calles creando infinitas redes fluviales, demasiado pequeñas para el, muy grandes para un mundo diminuto. La lluvia caía creando una espesa cortina que le impedía seguir andando y tuvo que refugiarse en la entrada de un bar. Su vista no lograba atravesar aquella pared de agua, ignorando si el mundo seguía con vida al otro lado de la calle. Sus posibilidades eran limitadas: podía arriesgarse a cruzar aquel manto de oscuridad y sumergirse en aquel mundo de tinieblas, o entrar en el Nanci, el bar que lo protegía de la lluvia y arriesgarse a que su alergia al humo del tabaco le jugase una mala pasada.


   Estaba claro, seguir esperando allí a que parase de llover era la mejor opción, además, el ruido de la lluvia era muy relajante.


   Unos treinta minutos después, una chica del Nanci salió a hacerle compañía. La chica tenía el pelo negro, con un corte moderno, llevaba el pelo bastante corto, dejando ver su nuca y el resto era un corte tipo taza a la altura del mentón, con un flequillo recto que seguía mas o menos la misma ideología. Ojos marrones, nariz pequeña y algo puntiaguda, algunas pecas adornaban su blanco rostro, mientras que unas gafas redondas con un armazón negro le daba un toque de intelectualidad y a la vez muy moderno.


   Él era cabeza y media más alto que ella. Ambos llevaban un estilo muy parecido, una especie de estilo hippie, ropas sueltas y ligeras. Ella, un largo collar de perlas blancas, él, una cadena de un gris gastado que terminaba a la altura de su pecho con un casette de color azul ciano claro que, aunque el lo ignoraba, resaltaba sus ojos azules.


   Al salir la chica empezó a fumar, sin mediar palabra. Ella no lo vio necesario, salió a fumar fuera por no molestar a los clientes del Nanci.


   Minutos más tarde empezó a fijarse en aquel chico que  estaba a su lado, la verdad es que parecía interesante, llevaba el pelo corto por los lados, en la parte de arriba tenía el pelo medio largo y despeinado, y terminaba en un flequillo de lado que le daba un aire muy moderno. Tenía unos ojos azul hielo impresionantes, en la nariz llevaba un piercing septum muy pequeño, que dejaba asomar tímidamente las bolitas de los extremos en su nariz. Su cara tenía una expresión de felicidad, parecía estar alegre solo por estar allí. Y entonces, al fijarse en una funda que posiblemene ocultaba una guitarra, se decidió a hablarle.
- Bonito día para tocar, ¿verdad?