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martes, 18 de enero de 2011

Redes: primera parte

   Era una noche lluviosa, no muy fría. El agua corría por las calles creando infinitas redes fluviales, demasiado pequeñas para el, muy grandes para un mundo diminuto. La lluvia caía creando una espesa cortina que le impedía seguir andando y tuvo que refugiarse en la entrada de un bar. Su vista no lograba atravesar aquella pared de agua, ignorando si el mundo seguía con vida al otro lado de la calle. Sus posibilidades eran limitadas: podía arriesgarse a cruzar aquel manto de oscuridad y sumergirse en aquel mundo de tinieblas, o entrar en el Nanci, el bar que lo protegía de la lluvia y arriesgarse a que su alergia al humo del tabaco le jugase una mala pasada.


   Estaba claro, seguir esperando allí a que parase de llover era la mejor opción, además, el ruido de la lluvia era muy relajante.


   Unos treinta minutos después, una chica del Nanci salió a hacerle compañía. La chica tenía el pelo negro, con un corte moderno, llevaba el pelo bastante corto, dejando ver su nuca y el resto era un corte tipo taza a la altura del mentón, con un flequillo recto que seguía mas o menos la misma ideología. Ojos marrones, nariz pequeña y algo puntiaguda, algunas pecas adornaban su blanco rostro, mientras que unas gafas redondas con un armazón negro le daba un toque de intelectualidad y a la vez muy moderno.


   Él era cabeza y media más alto que ella. Ambos llevaban un estilo muy parecido, una especie de estilo hippie, ropas sueltas y ligeras. Ella, un largo collar de perlas blancas, él, una cadena de un gris gastado que terminaba a la altura de su pecho con un casette de color azul ciano claro que, aunque el lo ignoraba, resaltaba sus ojos azules.


   Al salir la chica empezó a fumar, sin mediar palabra. Ella no lo vio necesario, salió a fumar fuera por no molestar a los clientes del Nanci.


   Minutos más tarde empezó a fijarse en aquel chico que  estaba a su lado, la verdad es que parecía interesante, llevaba el pelo corto por los lados, en la parte de arriba tenía el pelo medio largo y despeinado, y terminaba en un flequillo de lado que le daba un aire muy moderno. Tenía unos ojos azul hielo impresionantes, en la nariz llevaba un piercing septum muy pequeño, que dejaba asomar tímidamente las bolitas de los extremos en su nariz. Su cara tenía una expresión de felicidad, parecía estar alegre solo por estar allí. Y entonces, al fijarse en una funda que posiblemene ocultaba una guitarra, se decidió a hablarle.
- Bonito día para tocar, ¿verdad?

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